TODO SOBRE TURQUIA



         orhan pamuk

Pamuk viaja al Nobel con la maleta de su padre
 
8-12-2006 11:47:16
EPA  Pamuk, ayer durante la lectura de su conferencia en la Academia Tras los dos últimos años, con los discursos de los galardonados Pinter y Jelinek grabados en vídeo, el público que ayer abarrotaba el salón dieciochesco de la Academia Sueca, acogió con un efusivo aplauso la presencia física y la entrada a esa sala de Orhan Pamuk. Ante la estatua de Gustavo III, fundador de esa institución, el escritor pronunció muy despacio durante los 45 minutos reglamentarios, un discurso en turco que había titulado «La maleta de mi padre».
Con su aspecto de «niño bien», gestos muy estudiados, mundano y armónico como un actor de altura, Pamuk, pareció disfrutar leyendo un manuscrito lleno matices y giros poéticos. Su voz suave de encantandor de serpientes y su palabra en su idioma natal fluyó en aquella estancia y casi paralizó a los presentes que, aunque sin comprenderle, le escucharon sin pestañear.
Empezó recordando cómo su padre, dos años antes de su muerte, le regaló una maleta llena de manuscritos: «Tal vez encuentres algo que se pueda publicar». Tardó mucho tiempo en abrirla consciente de que contenía grandes secretos, temiendo que no le gustaran: «Pasó tiempo antes de que comprendiera que ese temor se debía a que no quería que mi padre fuera un escritor, sino solamente un padre».
Reflexionó sobre lo que supone ser autor, «descubrir a la persona que llevas dentro y a un mundo interior que construyes con tus palabras», y se refirió al misterio de la escritura, «que no es inspiración sino paciencia y la obstinación». Contó como en su libro «Mi nombre es rojo» se refirió a las sagas turcas sobre unos miniaturistas que pintaban una y otra vez el mismo caballo y comprendió que aquéllo era una metáfora sobre el oficio de escritor. Recordó la biblioteca de su padre y cómo desde muy pequeño solía encerrarse en aquel cuarto para leer a los clásicos de Occidente y concebir cómo era el mundo que había «allí fuera».
Sobre los motivos de su gusto por escribir dijo: «Escribo porque es el placer de mi corazón. Escribo porque solamente cambiando la realidad puedo asimilarla. Escribo para que todo el mundo sepa como vivimos en Estambul y Turquía. Escribo porque me da miedo ser olvidado y quiero, con inocencia infantil, que mis obras permanezcan siempre. Escribo porque me gusta la fama y disfruto vistiendo la riqueza del mundo con palabras. Escribo para sentirme feliz y quiero describir con vocablos toda la belleza y esplendor del mundo».
Estambul
Homenajeó a su ciudad natal, «que para mí es el el centro del mundo. No solamente porque he vivído allí la mayor parte de mi vida sino porque me he identificado con esa ciudad». Habló sobre sus puentes, su gentes, edificios y mezquitas que conversan entre sí y crean sentimientos. Evocó el día que su progenitor, con una frase profética, le dió a entender que le había gustado su primera obra. «Me dijo que un día conseguiría este premio». Los comentarios posteriores al discurso reconocían la belleza de la lectura de una saga oriental, aunque muy pocos, tras conocer el texto, fuesen capaces de explicar qué es lo que en realidad había dicho Pamuk.
 
 
 
ESTAMBUL, EL PREMIO NOBEL Y EL CERVANTES
14-10-2006 02:47:10
PABLO MARTÍN ASUERO Director del Instituto Cervantes de Estambul
Para todos nosotros la concesión del premio Nobel a Orhan Pamuk ha sido recibida como una gran noticia, a pesar de la controversia que trajo consigo, ya que la figura de este escritor está inmersa en un movimiento de revisión de la historia de Turquía. Las opiniones de este autor, en el marco de la feria del libro de Fráncfort, en un momento en que el proceso de integración de Turquía en la Unión Europea se consolidaba, no fueron siempre bien comprendidas, en parte por otros intelectuales que tuvieron peor suerte en el pasado.
Se trata, al margen de la perspectiva política, de una excelente noticia porque, por fin, se reconoce el papel de la literatura turca en el panorama internacional, el cual cuenta con otros autores ya consagrados como Yasar Kemal, Nedim Gürsel, Ferid Edgü o Sevgi Özdemir. Y es que Turquía es mucho más que el «döner kebab», el raki, Capadocia, el Gran Bazar o los atardeceres del Cuerno de Oro con los almuédanos llamando a la oración como si fuera un espectáculo de luz y sonido. Este país tiene una cultura y una literatura que merecen la pena ser dadas a conocer desde la poesía mística de Yunus Emre, discípulo de Celaleddin Rumi Mevlana, en la edad media, hasta la actualidad, pasando por Nazim Hikmet, el cual revolucionó la poesía a principios del siglo pasado.
Lo cierto es que la obra de Pamuk nos lleva tanto a ciudades de la Anatolia profunda como Kars, en Nieve, hasta un Estambul que también nosotros conocemos. De hecho, hace tres años invitamos a presentar la edición española de Me llamo Rojo en el Instituto Cervantes de Estambul. Orhan vino acompañado de su traductor al español, Rafael Carpintero, ambos hablaron de la obra y leyeron fragmentos de la misma en turco y español. Fue un gran placer tenerlos entre nosotros, escuchar sus voces y poder acceder a todo ese mundo de los libros iluminados encargados por sultanes y visires, el cual hunde sus raíces en las tradiciones persa e hindú. Aquella tarde se mostró nervioso, un poco huidizo y no demasiado abierto a interpretaciones sobre su obra que se alejaran de la suya. Orhan Pamuk daba la sensación de vivir en su universo literario como muchos otros escritores; de aquel día guardamos como oro en paño el libro y su dedicatoria Sevgili dostum ve ustadim Cervantes için, que en español significa «Para mi querido amigo y maestro Cervantes».
La producción literaria de Orhan Pamuk me recuerda, salvando las distancias, a las del realismo mágico de autores como Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces; sin embargo, si bien nosotros estamos familiarizados con el barroquismo de algunos autores hispanoamericanos, no hay un equivalente del barroco literario en Turquía, por lo que algunos de los que han comprado sus libros se desaniman y los abandonan sin poder disfrutar de ellos como se merecen.
El Estambul de Orhan Pamuk trata de una ciudad que también nosotros conocemos, de hecho vive en la calle paralela a la mía en Cihangir, el barrio neolevantino donde residen muchos profesores del Cervantes. Compramos en el mismo Bakkal o colmado y nos cruzamos a menudo por la calle. La sociedad que describe y de la que procede es también la que viene a nuestros cursos, interesada por las novedades de nuestra biblioteca, y la que asiste a nuestras actividades culturales.
Nos alegramos tanto por el escritor como por su traductor, Rafael Carpintero, no hay que olvidar que las primeras obras, como El astrólogo y el sultán de 1996, se tradujeron a partir del inglés   
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